Rodolfo Walsh: "un hombre de conciencia" (y de acción...)
Por Alejandro Quirós
Si estoy aquí merced a la generosa –y osada- invitación que me formularon los amigos de CUNA se debe, fundamentalmente, al personaje de que se trata; aunque difícilmente esté a la altura del compromiso. Desde que empezara a asomarme a nuestra historia reciente, la vida de Rodolfo WALSH me ha conmovido de un modo especial; y si terminé de aceptar la invitación para participar aquí, fue luego de reparar en esta singular circunstancia que antes no había advertido: Y es que la primera persona con la que se contacta WALSH cuando decide iniciar la investigación de lo que luego sería ese “Documento Monumental” llamado “Operación Masacre”, es un ABOGADO –el Dr. Jorge DOGLIA, Jefe de la División Judicial de la Policía de la Provincia de Bs. As.-; y la segunda persona con la que toma contacto WALSH, es otro ABOGADO; cuyo apellido es medio complicado -se llama algo así como Máximo Von KOTSCH-, y que es el abogado de Juan Carlos LIVRAGA y quien posibilita la primera entrevista entre nuestro autor y ese extraño “fusilado que vive”.
Así que yo me dije; si WALSH decide comunicarse, como primera medida, con dos abogados, por qué yo, que soy abogado, no puedo estar hoy aquí, homenajeándolo, al lado de dos escritores ???.
Les decía que la vida de WALSH me conmueve de un modo muy especial, algo que similarmente también me sucede con Salvador ALLENDE; ese otro mártir imprescindible de América Latina.
…Y creo que el origen de ese sentimiento proviene de la evidente parábola que trazan ambas existencias; el contenido paradojal de sus vidas. En el caso de WALSH, la paradoja inicial, esencial, está determinada por el hecho de que él adhirió al Golpe Militar que derrocó a Perón en el año 1955; para luego pasar a escribir ese texto que sería de referencia insoslayable para la Resistencia Peronista, desocultando la trama siniestra de aquél derrocamiento que se presentara como “Libertador”, “Democrático”, que supuestamente venía a desterrar una “Tiranía” y al que él –creyéndose esos principios abstractos-, le había aportado su apoyo. De esa adhesión inicial a un Golpe Militar rabiosamente antiperonista, WALSH terminará sus días muriendo acribillado, formando parte de una Organización Armada Peronista (concretamente “Montoneros”), víctima, él mismo, de una nueva Dictadura cuya barbarie y ensañamiento había prefigurado y contribuido a elucidar, al inscribirla dentro de la lógica interna de aquéllos fusilamientos que 20 años antes había sacado a la luz, con la indispensable colaboración de Enriqueta MUÑIZ. Ya en esa sola y sucinta exposición de su decurso vital radica una poderosa fuerza simbólica que me sigue inquietando hasta el día de hoy.
En el caso de ALLENDE, la paradoja a que hacía referencia fue descripta por García Márquez con una genialidad de la que yo carezco, por lo que seguramente Uds. me van a agradecer la longitud de esta cita: “Su virtud mayor –dice García Márquez del ex presidente chileno- fue la consecuencia; pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del Derecho Burgués; defendiendo una Corte Suprema que lo había repudiado y habría de legitimar a sus asesinos; defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que habría de sucumbir complacido ante los usurpadores; defendiendo la libertad de los partidos de oposición que habían vendido su alma al fascismo; defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro”.
El mismo García Márquez es también quien califica a la Carta Abierta a la Junta Militar de Rodolfo WALSH, como “una obra maestra del periodismo universal”. Para mí, más allá de disquisiciones acerca de qué es periodismo; qué es literatura; de las distinciones Académicas acerca de los géneros literarios, yo creo, desde mi ignorancia, que esa Carta es también, entre otras cosas, una obra literaria. De igual manera, siempre sentí el discurso final de Salvador ALLENDE como una “obra maestra de la poesía universal”. Aquello de “más temprano que tarde volverán a abrirse las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor…” pronunciado con suma templanza en un instante que se sabe definitivo, ante el bombardeo de La Moneda, es ya de una exuberancia abrumadora. Esa opción por la belleza, la preocupación por cuestiones ESTÉTICAS en momentos de una adversidad ya irreversible, en conjunción con un acto ÉTICO culminante, me sigue resultando estremecedora.
Asimismo, Allende, al igual que Walsh como veremos, no se contenta con decir solamente eso, con lo que, convengamos, ya tenía suficiente, sino que además se da espacio para fundar con precisión esa esperanza certera, emitida de manera tan poética además, y que podríamos remitir a la concepción teórica que le dio sentido a toda su vida (y a su muerte); y entonces agrega: “…No se pueden detener los procesos sociales”, dice; “No se pueden detener los procesos sociales…”. Lo que de nuevo lo aúna a WALSH quien, en la última reflexión de su Carta Abierta les dice a los miembros de la Junta Militar, antes de despedirse para siempre: Sres.: Uds. están conduciendo al país al abismo, montados en la ilusión de ganar una guerra que, aún cuando maten al último guerrillero, no hará más que recomenzar bajo nuevas formas, porque las causas que mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.” Es decir; Uds. Señores, podrán eliminar a todos cuantos se les opongan, pero lo que nunca podrán hacer desaparecer es el carácter superfluo de la clase social en nombre de la cual están asesinando, ni el carácter históricamente condicionado del Orden Social que, vanamente, buscan perpetuar mediante semejante ejercicio de la violencia.
Si estimo pertinentes estas asociaciones, trayéndolo aquí a Salvador ALLENDE, es porque cada vez resulta más evidente que asistimos a un nuevo despertar de los pueblos de América Latina, quienes en su incansable e inexorable lucha por un Nuevo Orden Social, una y otra vez, una y otra vez volverán a rescatar la memoria de sus mártires –como asistimos en éste mismo homenaje- confirmando la certeza de aquéllas (sólo aparentes) pobres y póstumas esperanzas.
Por lo demás, es interesante reparar en que la obra literaria que canoniza a García Márquez comienza, precisamente, con un fusilamiento… Y es un acto de violencia de esa naturaleza el que va a sacar a WALSH de sus “perplejidades íntimas” para lanzarlo ya sin retorno a mirar y mirarse él mismo frente al “amenazante mundo exterior”.
Podríamos afirmar que cuando Walsh pisa el basural de José León SUÁREZ, en realidad está hundiendo sus pies en el “BARRO DE LA HISTORIA” (en términos de FEINNMAN); pues esa verdad reveladora a la que asiste, esa certeza que va extrayendo por encima de los “espejismos que irradian las latas del basural”, lo colocan frente a una situación donde el plano de las ideas ya no podrá persistir en su ámbito etéreo, y es así como el “mundo exterior” por más “amenazante” que sea -o quizá precisamente por eso-, le reclamará el indispensable concurso de su voluntad.
Para peor, saca los pies de ese “barro” de la Provincia de Buenos Aires y casi inmediatamente los posa en otro barro, o más bien lodo, o mejor arcilla del HOMBRE NUEVO que es el esplendor de la CUBA REVOLUCIONARIA, hacia donde parte convocado por su amigo Jorge MASETTI con quien participa en la Fundación de Prensa Latina; la Agencia de Noticias con la que la Revolución buscaba romper el aislamiento a que era sometida por el resto de las cadenas informativas, esclavas del guardián del “Mundo Libre”. Allí está como un año y medio y asiste con entusiasmo al multitudinario y complejo nacimiento de un Orden Nuevo. Se alista como miliciano para resistir el creciente hostigamiento del Imperio y es protagonista de un suceso providencial: En la oficina de Jorge MASETTI se encuentra un rollo de teletipos que no contenía noticias, sino un mensaje largo y en clave, sumamente intrincado. Supuestamente era un despacho comercial que una empresa de Guatemala enviaba a EE.UU. Walsh se empecina en descifrar el mensaje en clave que esconde ese rollo de teletipos utilizando para ello un manual de criptografía que había comprado en una librería de La Habana. Y esta nueva “revelación de lo escondido” que también lo tiene por artífice, pone en sus manos un informe que el Jefe de la CIA en Guatemala –adscripto a la embajada norteamericana- enviaba a Washington comentando los preparativos para el desembarco en Cuba de exiliados cubanos adiestrados por tropas de EE.UU, quienes se estaban entrenando en un antiguo cafetal al norte de aquél país centroamericano. Así, es WALSH el primero en enterarse de lo que luego sería la invasión de Playa Girón en Bahía de los Cochinos.
Es imposible que un hombre siga siendo el mismo tras haber participado en forma tan cercana y tan intensa, en acontecimientos históricos de tamaña magnitud. Y es el mismo WALSH quien hace referencia a la profunda transformación personal que experimenta; diciéndolo de una manera muy simple e ilustrativa: “A mí, Operación Masacre ME CAMBIÓ LA VIDA; haciéndola advertí que aparte de mis perplejidades íntimas había un amenazante mundo exterior…”
También dirá en un reportaje, que si había desechado el “encuadre histórico” al momento de escribir Operación Masacre, ello no se debió a una viveza o a una estrategia narrativa preparada de antemano; sino simplemente a sus “ambigüedades políticas”.
En la medida en que con el transcurso del tiempo esas ambigüedades van desapareciendo al choque de su conciencia con la realidad, y el autor va asumiendo un compromiso político concreto, consecuentemente se va perfilando y profundizando el “encuadre histórico” de los hechos; lo que se ve plasmado en las ulteriores ediciones del libro. Así, ese cambio que modifica de plano su estructura vital ya aparece reflejado en el año 1964 (Eduardo JOZAMI ubica el punto principal de ruptura, precisamente, entre la primera y segunda Edición), cuando con motivo de esta publicación el autor realiza una especie de balance sobre los logros y fracasos obtenidos con su libro. Tras constatar la imposibilidad de alcanzar su objetivo elemental consistente en que el Gobierno brinde algún tipo de reparación -auque sea mínima- para las víctimas y el castigo a los culpables (los que no solamente no fueron castigados, sino que además fueron ascendidos por los gobiernos que continuaron a la Fusiladora), confirma que ese frustrante resultado es exactamente el mismo que en otra investigación que llevara a cabo en el “Caso Satanowsky”: “los muertos bien muertos, y los asesinos probados, pero sueltos…”. Y allí cierra su balance con una visión autorreferencial, exponiendo de qué manera es él mismo alcanzado por los efectos; y en qué sentido es que su persona ha sido íntima y decisivamente trastocada por las derivaciones de esas investigaciones; y dice: “Se comprenderá, de todas maneras, que haya perdido algunas ilusiones, la ilusión en la JUSTICIA, en la REPARACIÓN, en la DEMOCRACIA, en todas esas PALABRAS, y finalmente en lo que una vez fue mi oficio, y ya no lo es.”
Entonces es muy cautivante apreciar, a partir de las sucesivas reescrituras de OPERACIÓN MASACRE -en las ediciones posteriores que creo corresponden a los años 1964; 1969 y 1972-, el modo en que se va operando la transformación del autor, quien, inmerso ya como está en un compromiso político integral, va elucidando aquéllos hechos a la luz de las categorías de análisis marxistas; concepción que adopta como forma de interpretación y transformación revolucionaria de una realidad que advierte sustentada en aquélla criminalidad impune.
Así, los fusilamientos de José León SUÁREZ, dejan de ser un “acontecimiento” aislado, anecdótico, extraordinario, un episodio inusual, un daño colateral, para pasar a inscribirlo dentro de la lógica interna de un sistema que precisa ese tipo de violencia clasista para perpetuarse.
Es recién entonces cuando WALSH expresa que buscaba exhibir ante la Revolución Libertadora esa atrocidad injustificable para ver si la reconocían como suya o la desautorizaban; y que lo único que obtuvo como respuesta fue el silencio. A lo que concluye: “La clase que esos gobiernos representan se solidariza con aquél asesinato, lo acepta como hechura suya y no lo castiga simplemente porque no está dispuesta a castigarse a sí misma”. Y a continuación, al referirse a “Aramburu y el Juicio Histórico”, añade: “Ejecutor de una política de clase cuyo fundamento –la explotación- es de por sí antihumano y cuyos episodios de crueldad devienen de ese fundamento como las ramas del tronco, las perplejidades de Aramburu, ya lejos del poder, apenas si iluminan el desfasaje entre los IDEALES ABSTRACTOS y los ACTOS CONCRETOS de los miembros de esa clase: el MAL que se HIZO fueron los hechos, y el BIEN que se PENSÓ, un estremecimiento tardío de la conciencia burguesa”. Si la “Libertadora” y sus sucesores se vieron obligados a asesinar y a proscribir es por el simple hecho de que “representan a una minoría usurpadora que sólo mediante el engaño y la violencia consigue mantenerse en el poder.” “Las torturas y asesinatos que precedieron y sucedieron a la masacre de 1956 son episodios característicos, inevitables y no anecdóticos de la lucha de clases en la Argentina…. Eslabones de una misma cadena.”: “Ese género de violencia pone al descubierto la verdadera sociedad argentina”.
Con estos agregados que suceden a la versión inicial del texto, WALSH viene a asignarle (y asignarse a sí mismo) una explicación interior a aquéllos sucesos, cuya potencia expresiva original provenía del modo despojado, desprovisto de esos aditamentos, con que en su oportunidad fueron narrados. Y esas apreciaciones posteriores, ya premonitorias y esclarecedoras de lo que serían los crímenes del Terrorismo de Estado durante la Década del ‘70, alcanzan para demostrar la burda puerilidad de la Teoría de los Dos Demonios.
Por lo demás, el carácter de “Revancha Clasista” que reviste la reestructuración económica y social impuesta por la última Dictadura Militar, es un fenómeno que extraen, desde perspectivas técnicas, los economistas Eduardo BASUALDO y Daniel AZPIAZU, quienes, al analizar el proceso de Privatizaciones en la Argentina señalan nítidas “líneas de CONTINUIDAD que se perciben entre la política –no sólo económica- de la última Dictadura Militar y la instrumentada por el gobierno del Partido Justicialista en la década de los noventa y el de la Alianza. En especial en lo que respecta al principal objetivo estratégico de dichas administraciones gubernamentales: el fortalecimiento económico, político y social del Bloque Dominante que se conformó durante el período dictatorial y se afianzó en el transcurso de la gestión del gobierno de Alfonsín. Ello, en paralelo a la profundización de un modelo de acumulación cuyos denominadores comunes son: la desindustrialización; predominio de la valorización del capital; concentración de la producción y del ingreso; la desocupación y la precarización de las condiciones laborales de los trabajadores, y la exclusión de un número creciente de individuos.” Es, en definitiva, el modo concreto en que se expresa la Planificación de la Miseria que denunciara Walsh en su Carta Abierta (la que, con matices, perdura hasta nuestros días), y que a los ojos del autor constituye la “atrocidad mayor” cuya condición de posibilidad fue el exterminio de toda una generación.
Ya al trazar los rasgos del “Retrato de la Oligarquía Dominante”, Walsh advierte: “Que esa clase esté temperamentalmente inclinada al asesinato es una connotación importante, que deberá tenerse en cuenta cada vez que se encare la lucha contra ella. No para duplicar sus hazañas, sino para no dejarnos conmover por las sagradas ideas, los sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos.”
Frente a todas las citas transcriptas, a mí, en mi condición de abogado, me nace la leve sospecha de que lo vinculado al mundo jurídico se presenta como un ámbito propicio para que los sectores dominantes viertan allí sus buenos pensamientos… Así, si el Derecho es un instrumento racional que los hombres se brindan para regular su convivencia –digo, apreciado desde una concepción ideal, liberal, que no por casualidad es la que predomina en los claustros-; pareciera ser allí donde van a confluir y a condensarse “las sagradas ideas, los sagrados principios” que dimanan de tan “bellas almas”; prescripciones ideales que, sin embargo, distan mucho de ajustarse a la realidad real. Mucho me temo, pues, que esa incongruencia palpable entre la legalidad vigente y la facticidad empírica no sea otra cosa que una expresión más de aquél desfasaje insoluble entre el supuesto BIEN abstracto que “piensan” los sectores dominantes, y el MAL concreto que cotidianamente ejecutan.
Por eso mismo, también me resulta muy impactante la fina agudeza con que WALSH se preocupa en refutar, mediante una fundamentación jurídica impecable, el Fallo por el cual, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, finalmente le confiere competencia a la Justicia Militar para entender en la causa iniciada a raíz de la denuncia de LIVRAGA; “el fusilado que vive”. Es emocionante apreciar el esmero con que WALSH asume esa empresa, que sabe perdida de antemano, y cómo desmorona uno a uno los argumentos esgrimidos por el Máximo Tribunal de nuestro país, integrado por prestigiosos jurisconsultos a quienes no se les escapa que están consagrando la impunidad de los crímenes. Y al mismo tiempo, representa un sano ejercicio contraponer el estilo grandilocuente y afectado que habitualmente se usa, usamos, en los escritos judiciales, con la prosa ágil, fresca, que pareciera acudir a la ironía para hacer más digerible el oprobio al que asiste, y que a WALSH le basta para demoler el pseudo basamento del Fallo.
También me parece relevante destacar (como para buscar alguna eventual conexión con la situación actual), que este cuestionamiento que WALSH dirige al Máximo Órgano de Justicia de nuestro país, lo realiza sin salirse de la propia legalidad que éstos dicen aplicar. Es decir, no está contraponiendo contra esta Sentencia -que materializa la definitiva impunidad de los crímenes-, todo otro sistema de ideas y creencias sustentado en valores distintos a los establecidos. (Aún cuando esto esté subyaciendo –o germinando-allí). No. Es dentro de la misma legalidad existente que se invoca y declama en términos grandilocuentes, que lo resuelto resulta insostenible.
Puede inferirse de allí que los resultados concretos que produce en la sociedad este Sistema de Dominación, dada la intrínseca inhumanidad que le sirve de apoyatura -la explotación y expoliación de la fuerza laboral y de los recursos naturales-, lo tornan insostenible aún dentro de los mismos márgenes de la estructura jurídica elaborada a instancias de los “sagrados principios” que portan los sectores dominantes; estructura jurídica que, así, tiende a convertirse en una mera virtualidad inconsistente.
Por último, Daniel LINK al discernir de qué manera un Documento como “Operación Masacre” pasa a convertirse en Monumento al integrarse el canon literario; dice: “El monumento necesita un soporte material adecuado. En la literatura, ese soporte es el libro, porque hay una relación de mutua necesidad entre la “gran forma” y el canon.” A los efectos de este homenaje, la gran forma, el gran soporte material, está constituido por una coherencia ética, por la superación -investida además de gran belleza artística-, de aquél desfasaje entre las “sagradas ideas” y la acción concreta; lo que para WALSH sólo es factible trasponiendo los límites de la conciencia burguesa y asumiendo una opción revolucionaria. En correspondencia con ello, Miguel BONASSO lo puntualiza como “Un arquetipo del Intelectual Orgánico de la clase trabajadora” empleando esa categoría acuñada por Antonio GRAMSCI; mientras que Osvaldo BAYER acude a una “Madame” no sé cuanto para decir: “La conciencia es su musa”. Lo que a mí, en tren de asociaciones, me lleva a suponer que a WALSH le habría resultado gustoso que se lo recordara con estas simples palabras que le susurrara una prostituta en La Habana: “Usted es un hombre de conciencia” le dijo Estrella; y él lo subrayó con rojo en su diario personal…
Esto es un poco lo que quería decirles, “con la esperanza de ser escuchado, con la certeza de que podría haberse dicho mucho mejor, y esperando que no me signifique asumir ningún compromiso…”
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