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Viernes 23 de marzo de 2007: Aula
Magna – UNNE.
Sábado 24 de marzo de 2007:
Universidad Popular.
Marcelo Alejandro Caparra.
Nota: este texto forma parte de una investigación mayor sobre Escenas
de lectura-escritura en torno a
la Poética de Rodolfo Walsh. Su versión definitiva será publicada por Ediciones del Taller Ananga Ranga durante el presente año.

Me pregunto de golpe que
estoy haciendo aquí, iluminando pobres historias... dilapidando mi vida en
secas cosmogonías...
El hombre no tiene que
averiguar lo que es. Tiene que ser. Me gustaría ser capaz de salir ahora mismo,
caminando, juntar mis pocas cosas, irme para siempre... Que alguien me desate
la lengua.
Que yo pueda hablar con la
gente, entonces podré hablar de la gente...
Si vivir es lo supremo,
entonces viviré, aunque deba convertirme en un caníbal. Hasta ahora he tratado
de mantener a salvo mi preciado pellejo...
He terminado con eso.
Rodolfo Walsh, Papeles
personales (1962).
I. ladrones
la inseguridad
crece
día a día
según comentan
hablan de volver al palo
o a la horca castigar por ejemplo
el hambre del desnudo la fiebre del sediento
entonces amor mío
quién va a buscar
a los que se metieron
en nuestra cama
nuestras flores
nuestros cuadernos
a los que desvalijaron
los jarrones y los lápices
y se llevaron toda
la alegría del ropero
el tiempo de los naranjos
tendido al sol la risa
bien planchada y doblada
en los cajones con hojas
de menta y de romero
las monedas de malva y luz
y la costumbre azul que construimos
quién nos devolverá
las cajitas de música
y los niños
IV. 1956. “…y los ojos opacos donde se ha quedado flotando una sombra de
muerte”.
Las relaciones de la literatura con la historia y con
la realidad son siempre elípticas y cifradas. La ficción construye enigmas con
los materiales ideológicos y políticos, los disfraza, los transforma, los pone
siempre en otro lugar.
Ricardo Piglia, Crítica y ficción.
Bien entendida, esa noche agota su
historia; mejor dicho, un instante de esa noche, un acto de esa noche, porque
los actos son nuestro símbolo.) Cualquier destino, por largo y complicado que
sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe
para siempre quién es.
J. L. Borges, Biografía de Tadeo Isidoro
Cruz.
Rodolfo
Walsh nació (“se convirtió”, prefiere D. Viñas) a la edad de 29 años, en un café de
La Plata. Lo hicieron nacer un rumor, una
agonía y un rostro desfigurado. El rumor: una
voz le dice: “Hay un fusilado que vive”. Antes, no le interesaba Perón, ni el
almirante Rojas, ni el dictador Aramburu. Incluso ahora, se pregunta:
“¿Puedo volver a Capablanca? ¿Puedo
volver al ajedrez? Puedo.”
Y volvía. Era una
conciencia abstraída del drama que estaba ocurriendo, en el que la clase obrera
soportaba el mayor rigor de la represión de la –autoproclamada- Revolución
Libertadora. El mismo Walsh había considerado al comienzo que la llamada
Revolución Libertadora estaba vagamente justificada y que el peronismo merecía
ser derribado. Sin embargo Walsh ya había comenzado a nacer poco antes: el 9 de
junio de 1956, cuando se produjo un alzamiento cívico-militar y se intentó
tomar el Regimiento 7 de
La
Plata, Walsh escucha detrás de la ventana de su propia casa,
la agonía, el estertor de un soldado:
“Ese hombre no gritaba al morir ‘Viva
la patria’, sino ‘No me dejen solo, hijos de puta’”.
Después vendría el rostro desfigurado
de Livraga. Que lo hace comprender que “un destino no es mejor que otro pero
que todo hombre debe acatar el que lleva dentro”.
¿Comprendió que el otro era él?
V. “Esos roñosos”.
En rigor, Walsh nace cuando comienza su “búsqueda de la voz del otro social, que
no siempre rima como el Martín Fierro, señala Horacio González. A veces es confusa, a veces no sabe qué
decir”. Narrar la voz de los sin voz,
dice D. Bentivegna con H.
González. En ese aspecto, entra en serie con Esteban Echeverría que “supo captar la voz del otro –dice
Ricardo Piglia-, el habla popular ligada a la amenaza y al peligro. Estaba por
supuesto tratando de denunciar ese universo bajo, de pura barbarie, enfrentado
con el refinamiento y con la educación del héroe.” Pero en “El Matadero”,
además, confluirían las aguas de dos registros antagónicos: el lenguaje que
recrea al intelectual unitario, alto, literario, retórico; y “el lenguaje que
se usa para representar al otro, al monstruo, un lenguaje muy vivo, que
persiste y abre una gran tradición de representación de la voz y de la oralidad .”
Recordemos aquí “La isla de los resucitados”: este
artículo puede leerse como un punto de cruce de varias constantes de la poética
walshiana, tal como propone Bárbara Crespo (“Rodolfo Walsh, Kafka y el lugar
común”). “La isla de los resucitados” está escrito en la confluencia no sólo de
dos cuencas fluviales, sino también de dos lógicas textuales: la periodística y
la literaria. En “La isla...”, los límites entre la voz citante y la voz citada
(la de los enfermos, la de los médicos) se desdibujan, y por lo tanto la
asimetría discursiva entre el palimpsesto y el narrador/“erudito” tiende a
diluirse. Polifonía textual: son los
internos, los “resucitados” que están dentro de la isla, los que construyen y
sostienen el texto con sus voces.
Todo esto
es un rebote de aquel nacimiento en
un café de
La Plata
en 1956, en el que el afuera ominoso, lo siniestro freudiano, irrumpe
violentamente en el adentro confortable del ajedrez.
Percepciones como intersticios, dice M. Bonasso. “Aperturas de una ventana por la cual
se iba filtrando un rayo de luz en la conciencia cándida”. Rayo de luz sí, pero a
condición de aterrizar en el lenguaje: en el lenguaje se juega la política de
las formas -si de literatura, y no de panfleto, se trata-.
En el uso y la representación del lenguaje hay “una verdad implícita” que
iría más allá de las decisiones
políticas del escritor y de los contenidos directos de la historia que se
narra. “Un efecto de la representación que le abre paso a la voz popular y fija
su tono y su dicción” Otra vez, narrar la voz de los sin voz, ejercer
el registro oral de “esos roñosos” como dice el Coronel de “Esa mujer”.
Como
periodista, a Walsh lo atrae la existencia de “un fusilado que vive”. Lo seduce
la posibilidad de convertirse en un periodista-detective, como en el policial
negro, como en la serie hard-boiled. “Palabras-ganzúas”:
a través de ellas “Walsh logró descubrir
al fusilado que vivía y consiguió que ese sobreviviente aterrado hablara. Luego
descubrió que había otros sobrevivientes de la masacre de los basurales de José
León Suárez y los fue entrevistando uno a uno. A medida que hacía el libro, iba
creando, sin saberlo, a través del folletín por entregas, como lo han hecho los
grandes escritores en el siglo XIX.”
Pero no habló con su voz
prestigiosa de escritor. Por el contrario, puso su violento oficio de escritor,
como un médium, al servicio de los
condenados de la tierra.
VI.
Movimientos con/contra la serie literaria.
“Tésera:
completamiento y antítesis… Contraseña.”
Harold
Bloom.
Cada escritor crea a sus
precursores, enseñó Borges, es decir, tésera: en el lenguaje de H. Bloom, cada
escritor se vuelve “completamiento y antítesis” de su precursor. Es decir,
contraseña. Escrito en 1838, “El Matadero”, relato fundante de la
literatura argentina, se gesta a partir de una matriz narrativa básica: “la posición de un letrado, de un intelectual
que se enfrenta con el enigma de la historia”.
Subterráneamente “El Matadero” está
trabajado por esta confrontación de
la Razón Pura
contra la pura Otredad, de
la Civilización urbana contra la chusma y las hordas
salvajes del rosismo, de
la
Barbarie rural. El Mundo de las Ideas versus el mundo de las
sombras. Centro y periferia. Con matices y vaivenes, diagnostica Piglia,
esta confrontación sarmientina, Civilización/Barbarie ha sido
re-narrada a lo largo de una venerable serie literaria argentina. Pero
encuentra un “punto de viraje” en la
narrativa de Walsh. Es decir, habría una continuidad entre “El matadero” y la narrativa de Walsh, pero también -¿y paradojalmente?-,
una inversión:
Entonces, se podría
pensar que esta tensión entre el
mundo del letrado -el mundo intelectual– y el mundo popular –el mundo del
otro–, visto en principio de un modo paranoico pero también con fidelidad a
ciertos usos de la lengua, está en el
origen de nuestra literatura y que el relato de Walsh redefine esa relación.
Y ese universo popular, que Walsh
hereda de la tradición pero que va a corregir resemantizándola, se condensaría
en un símbolo-cuerpo: el de Eva Perón.
VII.
“Nosotros morimos en la oscuridad”.
“Si yo
encontrara a esa mujer ya no me sentiría solo, ya no me sentiré como una
arrastrada, amarga, olvidada sombra”.
R. Walsh, Esa mujer (1965).
Avatares de
la Barbarie: En 1934
Leopoldo Lugones pone en discurso la matriz de la ideología militarista en
nuestro país. Rodolfo Walsh, en 1977, denuncia y clausura categóricamente esa
constante (las Fuerzas Armadas son un avatar de
la Triple A) y detecta,
entre los cuerpos mutilados por la tortura metafísica, “la miseria
planificada”.
La Carta Abierta,
entonces, sería el contrarrelato que invierte el Discurso de Ayacucho, y obliga a reposicionar los espacios (es
decir, las máscaras) de lo siniestro.
La Barbarie militar tiene la forma de un circuito de
matices coyunturales que surge en 1930 para reaparecer en 1943, 1955, 1966…
hasta culminar emblemáticamente, en el cuerpo acribillado de Walsh, “con el
pecho cortado por una diagonal de impactos, tirado en el cemento frío de la
ESMA,
en 1977. En esta diacronía, la guerra de las Malvinas puede leerse como la
última consecuencia de las arengas del inventor de La grande argentina.
Dos dimensiones, entonces, para
analizar la poética de Walsh.
1º) Desde el punto de vista del
sistema de la literatura, este sería el triple movimiento: a. Continuidad >
b. inversión >> c. “punto de viraje”. ¿Qué se propone esta operación de
escritura? Resemantizar el signo echeverriano, trans-ideologizar el ideologema
sarmientino. Narrar desde el mundo de los que mueren “perseguidos, en la
oscuridad”, como escribe en su Carta a Vicky del 1º de octubre
1976, a su hija asesinada
por los militares en Villa Luro-. Por eso,
Tésera:
completamiento y antítesis… Contraseña.
(Harold
Bloom)
2º) Desde el punto de vista del
posicionamiento político-ideológico, la ética de Walsh persigue y delinea un
territorio alternativo, contrahegemónico al discurso del Estado, devenido en
último avatar de
la Barbarie,
del “poder desaparecedor” (P. Calveiro), convertido en garante y sostén de la
“tortura absoluta, intemporal, metafísica” y de la “miseria planificada” .
Desde esas dos dimensiones, la
poética de Walsh condensa esta tensión
entre pesquisa, Estado y Verdad, pero no la dice:
la muestra.
Y entonces consigue decir más de lo
que dice literalmente: vive de la plusvalía del sentido. El intelectual, el
letrado, no solamente dice el mundo bárbaro y popular como adverso y
antagónico, sino también como un destino, como un lugar de fuga, como un punto
de llegada. Y en el relato todo se condensa en la busca ciega del cadáver
ausente de Eva Perón.
Pero además, “Esa mujer” ejemplifica a la perfección lo que vengo diciendo:
funciona “como una manera de redefinir la relación
entre pesquisa, verdad y Estado. En más de un sentido, la búsqueda del cadáver de Evita sintetiza la obsesión por el cadáver
sobre el que se fundan la nación y la literatura argentinas, pero también la
búsqueda del cuerpo ausente, del cuerpo sustraído por el aparato del Estado.”

“No postulo aquí la comunión de los
santos. Pero tanto en su travesía como en su producción, Walsh, no sólo
descalifica la teoría de los dos demonios que equipara de manera
simétrica y fraudulenta la subversión libertaria con el terrorismo de Estado,
sino que, a la vez, reactualiza "la
violación"(1) mediante la cual El matadero y
la Amalia inauguran con perfiles
propios a través de una mutación de la literatura argentina. Claro: pero invirtiendo la violencia (2) que si en
Echeverría y en Mármol se producía desde los de abajo hacia el cuerpo y la
vivienda de los señores, en 1977 se ejecuta desde el Poder en dirección a un
escritor crítico.”
VIII. 1974.
“¿Dónde está el escritorio de Rodolfo Walsh?”
“El diario Noticias fue clausurado de manera brutal, con ese antecedente del
terrorismo de Estado que fue
la
Triple A, que llamaba prácticamente todas las noches para
decir que nos iban a cortar en pedazos a Rodolfo, a Juan Gelman, a Paco Urondo,
a Horacio Verbitsky, a mí”, cuenta Bonasso.
La noche de la clausura del diario Noticias –el 28 de agosto de 1974– el
comisario Alberto Villar,
que durante el día era el jefe de
la Policía Federal y durante la noche jefe militar
de
la Triple A,
subió las escaleras del diario, donde unos meses antes habían metido un bombazo
fenomenal, al grito de: “¿Dónde está el escritorio de Rodolfo Walsh?”.
(Pero ese
grito: “¿Dónde está el
escritorio de Rodolfo Walsh?” ) Fue un acto fetichista, muy
significativo, como si en ese simple escritorio de oficina, metálico y pintado
de gris, sobre el cual no había nada importante, el comisario Villar pensara
encontrar las claves del “pensamiento subversivo”.
Argentina, cuerpo enfermo,
entonces, según el diagnóstico militar. Las Fuerzas Armadas como cirujanos de
confianza. O como propietarios de las claves hermenéutica con que se
intercepta, se interpreta y embalsama
el “Ser Nacional”. Si la literatura produce relatos que encierran otros relatos
secretos, “el escritorio de Rodolfo Walsh” será el quirófano en el
que había que rastrear los desplazamientos de las células fugitivas que
cifraban esas otras historias “contaminando” el tejido social. Hoy, desde ese
atalaya nosotros, -que balbuceamos una lengua extraña, a la intemperie de los
Grandes Relatos- nos preguntamos ¿cómo se trazan los mapas de la memoria, que
dota de sentido a la experiencia? ¿Cómo atesorar la memoria encarnada, que relampaguea sólo una vez?
IX. Resistencia, 2007. Final a):
Efemérides.
En ese momento, (…) Se decía que alguien conocía a
alguien que en una estación de tren del suburbio, desierta, a la madrugada,
había visto pasar un tren con féretros que iba hacia el sur. Un tren de carga
que alguien había visto pasar lento, fantasmal, cargado de ataúdes vacíos, que
iba hacia el sur, en el silencio de la noche. Una imagen muy fuerte, una
historia que condensaba toda una época. Estos féretros vacíos remitían a los
desaparecidos, a los cuerpos sin sepultura. Y al mismo tiempo era un relato que
anticipaba la guerra de las Malvinas. Porque, sin duda, esos féretros, esos
ataúdes en ese tren imaginario iban hacia las Malvinas, iban hacia donde los
soldados morirían y donde tendrían que ser enterrados.
Ricardo Piglia, Tres
propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades).
“¿La
historia se repite? -se pregunta Eduardo Galeano- ¿O se repite sólo como penitencia de
quienes son incapaces de escucharla? No hay historia muda. El tiempo que fue
sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo
quiera o no lo sepa. Cuando está de veras viva, la memoria no contempla la
historia, sino que invita a hacerla.
Más que en los museos, donde la pobre se aburre, la memoria está en el aire que
respiramos; y ella, desde el aire, nos respira.”
Esta descripción de la memoria, “despierta, contradictoria y viva”, de
Galeano, siempre me hace evocar esta otra, que pertenece a mi hermano Mario:
“El
mundo crece pero los hombres adelgazan hasta desaparecer y hay mucha gente
muerta aún antes de haber nacido. Cada semilla que crece es una esperanza. Pero
la esperanza crece sobre suelo envenenado.”
“Nuestra democracia crece sobre el olvido
sistemático de ciertas fascismos, ciertas masacres. Crece sobre suelo envenenado.”
Desde ese “suelo
envenenado” quise leer y homenajear estos 30 años de
la Carta Abierta. Desde esta
memoria. “Por eso es peligrosa y la gente le teme -escribe mi hermano Mario-: artesana de la lágrima y la dicha, es
capaz de crearnos desde el polvo, capaz de borrarnos de un plumazo. Yo sé,
cuando escribo, que estoy inventando mi pasado.”
Escribo. Para que no se me diluya el pasado.
Rodolfo Walsh.
Ni muerto ha perdido su nombre.
Intenté homenajear
la dignidad -ese rayo que no cesa; esa “esperanza que come panes desesperados”-.
Y para eso pedí ayuda a los poetas y a los amigos (a Luis Argañaras, a Ramón
Cajal, a mi hermano Mario, y me acompañé de compañeros como Tete Romero, el dr.
Alejandro Quirós, los actores del grupo de teatro TuR). Porque esto no es, no quiere ser, un obituario. Para muchos,
la memoria nació con vocación de ancla; para nosotros
“tiene,
más bien, vocación de catapulta -digo con Galeano,
por última vez-. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. La memoria no
reniega de la nostalgia, pero
prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del
tiempo y de la mar, y no se equivocaron.”
Marcelo Alejandro Caparra
Diciembre 2006-Marzo 2007
(El
lector curioso que visite esta página puede consultar, si lo desea, esta bibliografía
esencial):
Argañaras, Luis: Rituales y Fantasmas.
Resistencia, Ananga Ranga, 2005.
Bentivegna, Diego: “Morales de la
escritura”.
En: http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/libros/00-08/00-08-06/nota.htm
Bonasso, Miguel: En recuerdo de la persona y la carrera de RODOLFO
WALSH: “Un hombre de honor, un testimonio”. Página/12 /18-Feb-2007.
Cajal, Ramón Alberto: Aquel crudo calendario. Resistencia,
Ananga Ranga, 2006.
Calveiro, Pilar: Política y/o
violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años 70. Buenos Aires, Norma,
2005.
Caparra, Marcelo: “Colaterales”.
En Revista “Dibujarnos de nuevo”. Publicación de los Estudiantes de Filosofía.
Humanidades, UNNE, 2006.
Caparra, Mario: Último tango
en parir. Resistencia, Ananga Ranga, 2005.
Dibujarnos de nuevo: Revista
de los Estudiantes de Filosofía.
Feinmann, José Pablo: Escritos imprudentes. Norma.
Feinmann, José Pablo: La sangre derramada.
Ferreyra, Lilia: “Dos lectores. A 79 años del nacimiento de
Rodolfo Walsh.” Contratapa del Página/12 del lunes 9 de enero de 2006.
Ferro, Roberto: La literatura en el banquillo. Walsh y la fuerza
del testimonio. En Historia crítica de
la Literatura Argentina.
Vol. 10. Dirigida por Noé Jitrik. Buenos Aires, Emecé, 1999.
Galeano, Eduardo: Patas arriba. La escuela del mundo al revés.
Siglo XXI, 1999.
Gazzera, Carlos y Surgí,
Carlos: Ficciones del horror. Literatura y dictadura. Colección Lecturas
mínimas. Recovecos, Córdoba, 2006.
Gelman, Juan: Antología
personal. (Hay muchas ediciones y versiones).
Lafforgue, Jorge: Textos de y
sobre Rodolfo Walsh. Alianza.
Link, Daniel: Cómo se leer y
otras intervenciones críticas.
Maristany, José Javier:
Narraciones peligrosas. Resistencia y adhesión en las novelas del proceso.
Buenos Aires, Biblos, 1999.
Piglia, Ricardo: Crítica y
ficción. Buenos Aires, Fausto.
Piglia, Ricardo: ¿Qué va a
ser de ti? “Tres propuestas para el
próximo milenio (y cinco dificultades)”.
En:
http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Radar/01-12/01-12-23/NOTA2.HTM
Redondo, Nilda Susana: Rodolfo Walsh. El compromiso político y la
literatura. Argentina 1960-1977. Universidad Nacional de Quilmes.
Viñas, David: Rodolfo Walsh, el ajedrez y la guerra.
En http://www.literatura.org/Vinas/dvwalsh.html
Walsh, Rodolfo: El violento oficio de escritor. Edición a cargo de
Daniel Link.
Walsh, Rodolfo: Operación masacre (Novela).
Walsh, Rodolfo: Los oficios terrestres (cuentos).