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Viernes 23 de marzo de 2007: Aula Magna – UNNE.
Sábado 24 de marzo de 2007: Universidad Popular. 
Marcelo Alejandro Caparra.

Nota: este texto forma parte de una investigación mayor sobre Escenas de lectura-escritura en torno a la Poética de Rodolfo Walsh. Su versión definitiva será publicada por Ediciones del Taller Ananga Ranga durante el presente año.  

Me pregunto de golpe que estoy haciendo aquí, iluminando pobres historias... dilapidando mi vida en secas cosmogonías...

El hombre no tiene que averiguar lo que es. Tiene que ser. Me gustaría ser capaz de salir ahora mismo, caminando, juntar mis pocas cosas, irme para siempre... Que alguien me desate la lengua.

Que yo pueda hablar con la gente, entonces podré hablar de la gente...

Si vivir es lo supremo, entonces viviré, aunque deba convertirme en un caníbal. Hasta ahora he tratado de mantener a salvo mi preciado pellejo...

He terminado con eso.

Rodolfo Walsh, Papeles personales (1962).

 

I. ladrones

la inseguridad

crece

día a día

según comentan

hablan de volver al palo

o a la horca castigar por ejemplo

el hambre del desnudo la fiebre del sediento

entonces amor mío

quién va a buscar

a los que se metieron

en nuestra cama

nuestras flores

nuestros cuadernos

a los que desvalijaron

los jarrones y los lápices

y se llevaron toda

la alegría del ropero

el tiempo de los naranjos

tendido al sol la risa

bien planchada y doblada

en los cajones con hojas

de menta y de romero

las monedas de malva y luz

y la costumbre azul que construimos

quién nos devolverá

las cajitas de música

y los niños [1]

IV. 1956. “…y los ojos opacos donde se ha quedado flotando una sombra de muerte”.

Las relaciones de la literatura con la historia y con la realidad son siempre elípticas y cifradas. La ficción construye enigmas con los materiales ideológicos y políticos, los disfraza, los transforma, los pone siempre en otro lugar.

Ricardo Piglia, Crítica y ficción.

Bien entendida, esa noche agota su historia; mejor dicho, un instante de esa noche, un acto de esa noche, porque los actos son nuestro símbolo.) Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.

J. L. Borges, Biografía de Tadeo Isidoro Cruz.

Rodolfo Walsh nació (“se convirtió”, prefiere D. Viñas) a la edad de 29 años, en un café de La Plata. Lo hicieron nacer un rumor, una agonía y un rostro desfigurado. El rumor: una voz le dice: “Hay un fusilado que vive”. Antes, no le interesaba Perón, ni el almirante Rojas, ni el dictador Aramburu. Incluso ahora, se pregunta:

“¿Puedo volver a Capablanca? ¿Puedo volver al ajedrez? Puedo.”

Y volvía. Era una conciencia abstraída del drama que estaba ocurriendo, en el que la clase obrera soportaba el mayor rigor de la represión de la –autoproclamada- Revolución Libertadora. El mismo Walsh había considerado al comienzo que la llamada Revolución Libertadora estaba vagamente justificada y que el peronismo merecía ser derribado. Sin embargo Walsh ya había comenzado a nacer poco antes: el 9 de junio de 1956, cuando se produjo un alzamiento cívico-militar y se intentó tomar el Regimiento 7 de La Plata, Walsh escucha detrás de la ventana de su propia casa, la agonía, el estertor de un soldado:

“Ese hombre no gritaba al morir ‘Viva la patria’, sino ‘No me dejen solo, hijos de puta’”.[2]

Después vendría el rostro desfigurado de Livraga. Que lo hace comprender que “un destino no es mejor que otro pero que todo hombre debe acatar el que lleva dentro”.

¿Comprendió que el otro era él?

V. “Esos roñosos”.

En rigor, Walsh nace cuando comienza su “búsqueda de la voz del otro social, que no siempre rima como el Martín Fierro, señala Horacio González. A veces es confusa, a veces no sabe qué decir”. Narrar la voz de los sin voz, dice D. Bentivegna [3]con H. González. En ese aspecto, entra en serie con Esteban Echeverría que “supo captar la voz del otro –dice Ricardo Piglia-, el habla popular ligada a la amenaza y al peligro. Estaba por supuesto tratando de denunciar ese universo bajo, de pura barbarie, enfrentado con el refinamiento y con la educación del héroe.” Pero en “El Matadero”, además, confluirían las aguas de dos registros antagónicos: el lenguaje que recrea al intelectual unitario, alto, literario, retórico; y “el lenguaje que se usa para representar al otro, al monstruo, un lenguaje muy vivo, que persiste y abre una gran tradición de representación de la voz y de la oralidad [4].”

Recordemos aquí “La isla de los resucitados”: este artículo puede leerse como un punto de cruce de varias constantes de la poética walshiana, tal como propone Bárbara Crespo (“Rodolfo Walsh, Kafka y el lugar común”). “La isla de los resucitados” está escrito en la confluencia no sólo de dos cuencas fluviales, sino también de dos lógicas textuales: la periodística y la literaria. En “La isla...”, los límites entre la voz citante y la voz citada (la de los enfermos, la de los médicos) se desdibujan, y por lo tanto la asimetría discursiva entre el palimpsesto y el narrador/“erudito” tiende a diluirse. Polifonía textual: son los internos, los “resucitados” que están dentro de la isla, los que construyen y sostienen el texto con sus voces.

Todo esto es un rebote de aquel nacimiento en un café de La Plata en 1956, en el que el afuera ominoso, lo siniestro freudiano, irrumpe violentamente en el adentro confortable del ajedrez.

Percepciones como intersticios, dice M. Bonasso. “Aperturas de una ventana por la cual se iba filtrando un rayo de luz en la conciencia cándida”. Rayo de luz sí, pero a condición de aterrizar en el lenguaje: en el lenguaje se juega la política de las formas -si de literatura, y no de panfleto, se trata-[5]. En el uso y la representación del lenguaje hay “una verdad implícita” que iría  más allá de las decisiones políticas del escritor y de los contenidos directos de la historia que se narra. “Un efecto de la representación que le abre paso a la voz popular y fija su tono y su dicción”[6] Otra vez, narrar la voz de los sin voz, ejercer el registro oral de “esos roñosos” como dice el Coronel de “Esa mujer”.

Como periodista, a Walsh lo atrae la existencia de “un fusilado que vive”. Lo seduce la posibilidad de convertirse en un periodista-detective, como en el policial negro, como en la serie hard-boiled. “Palabras-ganzúas”: a través de ellas “Walsh logró descubrir al fusilado que vivía y consiguió que ese sobreviviente aterrado hablara. Luego descubrió que había otros sobrevivientes de la masacre de los basurales de José León Suárez y los fue entrevistando uno a uno. A medida que hacía el libro, iba creando, sin saberlo, a través del folletín por entregas, como lo han hecho los grandes escritores en el siglo XIX.” [7]

Pero no habló con su voz prestigiosa de escritor. Por el contrario, puso su violento oficio de escritor, como un médium, al servicio de los condenados de la tierra.

VI. Movimientos con/contra la serie literaria.

“Tésera: completamiento y antítesis… Contraseña.”

Harold Bloom.

Cada escritor crea a sus precursores, enseñó Borges, es decir, tésera: en el lenguaje de H. Bloom, cada escritor se vuelve “completamiento y antítesis” de su precursor. Es decir, contraseña. Escrito en 1838, “El Matadero”, relato fundante de la literatura argentina, se gesta a partir de una matriz narrativa básica: “la posición de un letrado, de un intelectual que se enfrenta con el enigma de la historia”. [8]

Subterráneamente “El Matadero” está trabajado por esta confrontación de la Razón Pura contra la pura Otredad, de la Civilización urbana contra la chusma y las hordas salvajes del rosismo, de la Barbarie rural. El Mundo de las Ideas versus el mundo de las sombras. Centro y periferia. Con matices y vaivenes, diagnostica Piglia, esta confrontación sarmientina, Civilización/Barbarie[9] ha sido re-narrada a lo largo de una venerable serie literaria argentina[10]. Pero encuentra un “punto de viraje” en la narrativa de Walsh. Es decir, habría una continuidad entre “El matadero” y la narrativa de Walsh, pero también -¿y paradojalmente?-, una inversión:

Entonces, se podría pensar que esta tensión entre el mundo del letrado -el mundo intelectual– y el mundo popular –el mundo del otro–, visto en principio de un modo paranoico pero también con fidelidad a ciertos usos de la lengua, está en el origen de nuestra literatura y que el relato de Walsh redefine esa relación. [11]

Y ese universo popular, que Walsh hereda de la tradición pero que va a corregir resemantizándola, se condensaría en un símbolo-cuerpo: el de Eva Perón.

VII. “Nosotros morimos en la oscuridad”.

“Si yo encontrara a esa mujer ya no me sentiría solo, ya no me sentiré como una arrastrada,  amarga, olvidada sombra”.

R. Walsh, Esa mujer (1965).

Avatares de la Barbarie: En 1934 Leopoldo Lugones pone en discurso la matriz de la ideología militarista en nuestro país. Rodolfo Walsh, en 1977, denuncia y clausura categóricamente esa constante (las Fuerzas Armadas son un avatar de la Triple A) y detecta, entre los cuerpos mutilados por la tortura metafísica, “la miseria planificada”. La Carta Abierta, entonces, sería el contrarrelato que invierte el Discurso de Ayacucho, y obliga a reposicionar los espacios (es decir, las máscaras) de lo siniestro. La Barbarie militar tiene la forma de un circuito de matices coyunturales que surge en 1930 para reaparecer en 1943, 1955, 1966… hasta culminar emblemáticamente, en el cuerpo acribillado de Walsh, “con el pecho cortado por una diagonal de impactos, tirado en el cemento frío de la ESMA[12], en 1977. En esta diacronía, la guerra de las Malvinas puede leerse como la última consecuencia de las arengas del inventor de La grande argentina.[13]

Dos dimensiones, entonces, para analizar la poética de Walsh.

1º) Desde el punto de vista del sistema de la literatura, este sería el triple movimiento: a. Continuidad > b. inversión >> c. “punto de viraje”. ¿Qué se propone esta operación de escritura? Resemantizar el signo echeverriano, trans-ideologizar el ideologema sarmientino. Narrar desde el mundo de los que mueren “perseguidos, en la oscuridad”, como escribe en su Carta a Vicky del 1º de octubre 1976, a su hija asesinada por los militares en Villa Luro-. Por eso,

Tésera: completamiento y antítesis… Contraseña.

(Harold Bloom)

2º) Desde el punto de vista del posicionamiento político-ideológico, la ética de Walsh persigue y delinea un territorio alternativo, contrahegemónico al discurso del Estado, devenido en último avatar de la Barbarie, del “poder desaparecedor” (P. Calveiro), convertido en garante y sostén de la “tortura absoluta, intemporal, metafísica” y de la “miseria planificada” [14].

Desde esas dos dimensiones, la poética de Walsh condensa esta tensión entre pesquisa, Estado y Verdad, pero no la dice: la muestra[15]. Y entonces consigue decir más de lo que dice literalmente: vive de la plusvalía del sentido. El intelectual, el letrado, no solamente dice el mundo bárbaro y popular como adverso y antagónico, sino también como un destino, como un lugar de fuga, como un punto de llegada. Y en el relato todo se condensa en la busca ciega del cadáver ausente de Eva Perón[16]. Pero además, “Esa mujer” ejemplifica a la perfección lo que vengo diciendo: funciona como una manera de redefinir la relación entre pesquisa, verdad y Estado. En más de un sentido, la búsqueda del cadáver de Evita sintetiza la obsesión por el cadáver sobre el que se fundan la nación y la literatura argentinas, pero también la búsqueda del cuerpo ausente, del cuerpo sustraído por el aparato del Estado.” [17]

Diagrama de ciclo

 “No postulo aquí la comunión de los santos. Pero tanto en su travesía como en su producción, Walsh, no sólo descalifica la teoría de los dos demonios que equipara de manera simétrica y fraudulenta la subversión libertaria con el terrorismo de Estado, sino que, a la vez, reactualiza "la violación"(1) [18] mediante la cual El matadero y la Amalia inauguran con perfiles propios a través de una mutación de la literatura argentina. Claro: pero invirtiendo la violencia (2) que si en Echeverría y en Mármol se producía desde los de abajo hacia el cuerpo y la vivienda de los señores, en 1977 se ejecuta desde el Poder en dirección a un escritor crítico.” [19]

VIII. 1974. “¿Dónde está el escritorio de Rodolfo Walsh?”

El diario Noticias fue clausurado de manera brutal, con ese antecedente del terrorismo de Estado que fue la Triple A, que llamaba prácticamente todas las noches para decir que nos iban a cortar en pedazos a Rodolfo, a Juan Gelman, a Paco Urondo, a Horacio Verbitsky, a mí”, cuenta Bonasso.

La noche de la clausura del diario Noticias –el 28 de agosto de 1974– el comisario Alberto Villar[20], que durante el día era el jefe de la Policía Federal y durante la noche jefe militar de la Triple A, subió las escaleras del diario, donde unos meses antes habían metido un bombazo fenomenal, al grito de: “¿Dónde está el escritorio de Rodolfo Walsh?”.

(Pero ese grito: “¿Dónde está el escritorio de Rodolfo Walsh?” ) Fue un acto fetichista, muy significativo, como si en ese simple escritorio de oficina, metálico y pintado de gris, sobre el cual no había nada importante, el comisario Villar pensara encontrar las claves del “pensamiento subversivo”.[21]

Argentina, cuerpo enfermo, entonces, según el diagnóstico militar. Las Fuerzas Armadas como cirujanos de confianza. O como propietarios de las claves hermenéutica con que se intercepta, se interpreta y embalsama el “Ser Nacional”. Si la literatura produce relatos que encierran otros relatos secretos, “el escritorio de Rodolfo Walsh” será el quirófano [22]en el que había que rastrear los desplazamientos de las células fugitivas que cifraban esas otras historias “contaminando” el tejido social. Hoy, desde ese atalaya nosotros, -que balbuceamos una lengua extraña, a la intemperie de los Grandes Relatos- nos preguntamos ¿cómo se trazan los mapas de la memoria, que dota de sentido a la experiencia? ¿Cómo atesorar la memoria encarnada, que relampaguea sólo una vez?

IX. Resistencia, 2007. Final a): Efemérides.

En ese momento, (…) Se decía que alguien conocía a alguien que en una estación de tren del suburbio, desierta, a la madrugada, había visto pasar un tren con féretros que iba hacia el sur. Un tren de carga que alguien había visto pasar lento, fantasmal, cargado de ataúdes vacíos, que iba hacia el sur, en el silencio de la noche. Una imagen muy fuerte, una historia que condensaba toda una época. Estos féretros vacíos remitían a los desaparecidos, a los cuerpos sin sepultura. Y al mismo tiempo era un relato que anticipaba la guerra de las Malvinas. Porque, sin duda, esos féretros, esos ataúdes en ese tren imaginario iban hacia las Malvinas, iban hacia donde los soldados morirían y donde tendrían que ser enterrados.

Ricardo Piglia, Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades).

“¿La historia se repite? -se pregunta Eduardo Galeano- ¿O se repite sólo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla? No hay historia muda. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa. Cuando está de veras viva, la memoria no contempla la historia, sino que invita a hacerla. Más que en los museos, donde la pobre se aburre, la memoria está en el aire que respiramos; y ella, desde el aire, nos respira.” [23]

Esta descripción de la memoria, “despierta, contradictoria y viva”, de Galeano, siempre me hace evocar esta otra, que pertenece a mi hermano Mario:

“El mundo crece pero los hombres adelgazan hasta desaparecer y hay mucha gente muerta aún antes de haber nacido. Cada semilla que crece es una esperanza. Pero la esperanza crece sobre suelo envenenado.”

“Nuestra democracia crece sobre el olvido sistemático de ciertas fascismos, ciertas masacres. Crece sobre suelo envenenado.”[24]

Desde ese “suelo envenenado” quise leer y homenajear estos 30 años de la Carta Abierta. Desde esta memoria. “Por eso es peligrosa y la gente le teme -escribe mi hermano Mario-: artesana de la lágrima y la dicha, es capaz de crearnos desde el polvo, capaz de borrarnos de un plumazo. Yo sé, cuando escribo, que estoy inventando mi pasado.”

Escribo. Para que no se me diluya el pasado.

Rodolfo Walsh. Ni muerto ha perdido su nombre.

Intenté homenajear la dignidad -ese rayo que no cesa; esa “esperanza que come panes desesperados”[25]-. Y para eso pedí ayuda a los poetas y a los amigos (a Luis Argañaras, a Ramón Cajal, a mi hermano Mario, y me acompañé de compañeros como Tete Romero, el dr. Alejandro Quirós, los actores del grupo de teatro TuR). Porque esto no es, no quiere ser, un obituario. Para muchos, la memoria nació con vocación de ancla; para nosotros

            “tiene, más bien, vocación de catapulta -digo con Galeano, por última vez-.           Quiere ser puerto de partida, no de llegada. La memoria no reniega de la           nostalgia, pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los        griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se             equivocaron.”  [26]

Marcelo Alejandro Caparra
Diciembre 2006-Marzo 2007

 

(El lector curioso que visite esta página puede consultar, si lo desea, esta bibliografía esencial):

Argañaras, Luis: Rituales y Fantasmas. Resistencia, Ananga Ranga, 2005.
Bentivegna, Diego: “Morales de la escritura”.
En: http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/libros/00-08/00-08-06/nota.htm
Bonasso, Miguel: En recuerdo de la persona y la carrera de RODOLFO WALSH: “Un hombre de honor, un testimonio”. Página/12 /18-Feb-2007.
Cajal, Ramón Alberto: Aquel crudo calendario. Resistencia, Ananga Ranga, 2006.
Calveiro, Pilar: Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años 70. Buenos Aires, Norma, 2005.
Caparra, Marcelo: “Colaterales”. En Revista “Dibujarnos de nuevo”. Publicación de los Estudiantes de Filosofía. Humanidades, UNNE, 2006.
Caparra, Mario: Último tango en parir. Resistencia, Ananga Ranga, 2005.
Dibujarnos de nuevo: Revista de los Estudiantes de Filosofía.
Feinmann, José Pablo: Escritos imprudentes. Norma. 
Feinmann, José Pablo: La sangre derramada.
Ferreyra, Lilia: “Dos lectores. A 79 años del nacimiento de Rodolfo Walsh.” Contratapa del Página/12 del lunes 9 de enero de 2006.
Ferro, Roberto: La literatura en el banquillo. Walsh y la fuerza del testimonio. En Historia crítica de

la Literatura Argentina. Vol. 10. Dirigida por Noé Jitrik. Buenos Aires, Emecé, 1999.
Galeano, Eduardo: Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Siglo XXI, 1999.
Gazzera, Carlos y Surgí, Carlos: Ficciones del horror. Literatura y dictadura. Colección Lecturas mínimas. Recovecos, Córdoba, 2006.
Gelman, Juan: Antología personal. (Hay muchas ediciones y versiones).
Lafforgue, Jorge: Textos de y sobre Rodolfo Walsh. Alianza.
Link, Daniel: Cómo se leer y otras intervenciones críticas.
Maristany, José Javier: Narraciones peligrosas. Resistencia y adhesión en las novelas del proceso. Buenos Aires, Biblos, 1999.
Piglia, Ricardo: Crítica y ficción. Buenos Aires, Fausto.
Piglia, Ricardo: ¿Qué va a ser de ti? “Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades)”.
En: http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Radar/01-12/01-12-23/NOTA2.HTM
Redondo, Nilda Susana: Rodolfo Walsh. El compromiso político y la literatura. Argentina 1960-1977. Universidad Nacional de Quilmes.
Viñas, David: Rodolfo Walsh, el ajedrez y la guerra.
En http://www.literatura.org/Vinas/dvwalsh.html

Walsh, Rodolfo: El violento oficio de escritor. Edición a cargo de Daniel Link.
Walsh, Rodolfo: Operación masacre (Novela).
Walsh, Rodolfo: Los oficios terrestres (cuentos).

Notas:

[1] Argañaras, Luis, Ladrones en Rituales y Fantasmas. Resistencia, Ananga Ranga, 2005. También en http://www.freewebs.com/anangarangaresistencia/nuestramemoria.htm

[2] Citado por Bonasso, Miguel: En recuerdo de la persona y la carrera de Rodolfo Walsh: “Un hombre de honor, un testimonio”. Página/12 /18-Feb-2007.

[3] Bentivegna, Diego: “Morales de la escritura”. En: http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/libros/00-08/00-08-06/nota.htm

[4] Piglia, Ricardo: “Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades)”
En: http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Radar/01-12/01-12-23/NOTA2.HTM

[5] Para pensar-trabajar: Walsh con Brecht, con W. Benjamin. Walsh, con Conti y Gelman, pero contra Lukacks, el “realismo socialista”, la teoría del reflejo.

[6] Piglia, R. ibid.

[7] Bonasso, op. cit.

[8] Piglia, op. cit. En los textos periodísticos, recogidos por Daniel Link, observamos como Walsh intenta desesperada y honestamente mitigar la lejanía-distancia discursiva producto de esa asimetría (p. ej., en “La isla de los resucitados”).

[9] Don Arturo Jauretche llama a esta dicotomía fundante “la zoncera madre”, es decir, “la madre que las parió a todas las demás”. “La zoncera de Civilización y barbarie se apoya en dos patas y anda, pero cojeando, porque una es más larga que la otra, que es como una pata auxiliar a la que se recurre cuando el régimen está en peligro.”

[10] Piglia recuerda aquí la versión de Borges en “La fiesta del monstruo” y la de Cortázar en “Las puertas del cielo”. A mí me sirve recordar también otros dos textos que me parecen emblemáticos de la poética Civilización/Barbarie. En el Poema conjetural,  Francisco Narciso de Laprida comprende y piensa:

Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

[11] Piglia, R., Ibíd..

[12] Ferreyra, Lilia: Dos lectores. A 79 años del nacimiento de Rodolfo Walsh. Contratapa del Página/12 del lunes 9 de enero de 2006.

[13] Viñas, David: Lugones/Walsh, en
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-78597-2007-01-04.html

A la realidad, ¿le gustan las simetrías, los vagos anacronismos? Si las arengas golpistas de Lugones prefiguran la Guerra de Malvinas, “Operación masacre” y “¿Quién mató a Rosendo?”, ¿prefiguran literariamente los asesinatos de Aramburu y Vandor respectivamente?

[14] Walsh, R.: Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar. Aquí podremos reponer, con Bentivegna, Verbitsky y Viñas, la serie que va del “Facundo” de Sarmiento, a su contracara: la “Vida del Chacho”, de José Hernández, del que Walsh conserva el tono de denuncia.

[15] La terminología está en el Ludwig Wittgenstein del Tractatus, aquí reelaborada a mi manera.

[16] Piglia, op. cit. Nunca entendí por qué calificó en este pasaje a la búsqueda de “ciega”. Para el que lee ese relato con atención, la obstinación del personaje-periodista es lo menos “ciego” que hay.

“En cierto sentido –analiza Bentivegna-, la literaturización del cadáver y la obsesión por la mujer innombrada a lo largo de todo el texto de Walsh, que se desliza a ciertos ámbitos no estrictamente literarios (sobre todo, claro está, hacia un género típicamente periodístico como la entrevista), tiene que ver con el retorno permanente de un cuerpo hipersignificado que funciona como el soporte más eficaz de la política cultural del peronismo.

[17] Bentivegna, Diego: op. cit.

[18] En torno a esta VIOLACIÓN, es estimulante observar que esto que Piglia escribe comentando a Viñas parece armonizar muy bien con aquello que Viñas escribió, a su vez, comentando a Echeverría:

“El tratamiento del cuerpo de las víctimas es otro elemento fundamental en la descripción de las formas de la violencia que está presente en este relato (“Los dueños de la Tierra”). La muerte se sexualiza ("Porque matar era como violar a alguien"); la dominación se marca en la carne.” (Piglia, Ricardo: Viñas y la violencia oligárquica. En www.literatura.org.)

[19] Viñas, David: Rodolfo Walsh, el ajedrez y la guerra. En http://www.literatura.org/Vinas/dvwalsh.html

[20] Repaso el documental “Cazadores de utopías” (de David Blaustein, 1995). Allí descubro que este comisario Villar es el mismo que entró con los tanques de la policía en el velatorio de los caídos en la Masacre de Trelew, en 1972. El mismo comisario Villar que fuera elogiado por el ex-presidente Menem como una gloria para la institución.

Y hay más: “el que disparó contra Rodolfo Walsh, como integrante del grupo de secuestradores de la ESMA —señaló Bonasso, en el acto del 24 de marzo de 2003—, fue el comisario Ernesto Weber, que es el padre del subcomisario Sergio Ernesto Weber, uno de los acusados de los asesinatos de los manifestantes del 19 y 20 de diciembre”. ¿Se repite la historia? Quizás no. Pero estas siniestras simetrías no son casuales ni inocentes.

[21] Bonasso, op. cit. Cfr. con el personaje de Arocena, en “Respiración artificial”.

[22] Calveiro, Pilar: op. cit., pág 68.

[23] Galeano, Eduardo: Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Página 216-217

[24] Caparra, Mario: Último tango en parir. Resistencia, Ananga Ranga, 2005.

[25] Gelman, Juan: El juego en que andamos. En: Violín y otras cuestiones (1956).

[26] Galeano, Eduardo: op. cit., pág. 217.

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