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NOTAS WEB

Crónicas del exitoso ciclo de Jazz y Teatro en Sala 88
Por Mirna Capetinich*

Cuando todo parecía sumirse en la modorra de unas vacaciones de verano calurosas, un inquietante, y no menos atractivo, “ruido” de artistas locales se hizo escuchar en la noche resistenciana.

Músicos y teatreros se conjugaron para lograr el Ciclo de Jazz y Teatro que se extendió, quincenalmente, desde el viernes 12 de enero hasta el 23 de marzo en el espacio verde de Sala 88, adaptado al estilo de un bar “playero”. Sin café, pero con bebidas frescas y picadas.
Con matiz innovador, abierto y flexible, la propuesta fue planteada como proceso en escena. Es decir, como un todo contingente, dinámico y continuativo, que fue haciéndose y reformulándose sobre la marcha, a partir de aciertos y errores que en cada edición los artistas iban experimentando, en conjunto o individualmente.

Su estructura
El Ciclo presentó seis ediciones diferentes en contenido, pero similares en forma. Las primeras cinco combinaron partes musicales (dos entregas por cada noche) con una o dos partes teatrales, según los casos. En la sexta entrega prevaleció la música, a pesar de que la lectura oral y expresiva, no precisamente teatralizada, de un cuento de Charles Bukowski trató de suplir el lugar del teatro en anteriores ediciones.

La música, dueña y señora
El Trío Boutet (Luis Boutet, guitarra y voz; Gori Leva, bajo y coros; Gaby Vignoli, batería), La Banda Armada (Lucio Sodja, piano; Pomelo Collante, bajo; Gaby Vignoli, batería; Valeria Ojeda, voz), Gato Negro (Alejandro Ruiz, bajo; Gustavo Franke, guitarra; Gaby Vignoli, batería; músicos invitados: Omar Mambrín, guitarra; Víctor Renaudau, violín), Jorge Pinto (en dúo con Boutet), Víctor González, Rubén Sosa (saxo y flauta), Osvaldo Burgos (stick), Pablo Bosaluck (percusión caja peruana), Néstor Guevara y Ensamble 88 (integración de artistas de cada grupo nombrado) fueron el imprescindible aporte musical y de calidad en cada noche. Estilos jazzísticos puros y fusionados con pop, soul, bossa nova, folklore, tango y música popular latinoamericana rondaron los oídos de un público que nunca escaseó. Por el contrario, siempre fue extendiéndose. Inclusive, a veces, atentando contra lo que desde la oferta espacial y gastronómica podía brindarse. Problema que paulatinamente trató de subsanarse desde la Producción.
Los textos dramáticos
Complemento de la música en vivo, lo teatral se supeditó a una presentación en serie, básicamente improvisada, de capítulos del policial Verano del 88, un policial para caerse de risa, pergeñado por Walter Martínez y Néstor Guevara, y dirigido por Ángela Rodríguez. A esa estructura se agregaron unipersonales (Miss Susy, La hincha Matosas, La Directora Débora Dora, La Gorda) más dramatúrgicamente acabados, dado que eran textos escritos previamente y adaptados para la ocasión. Sin embargo, algunos presentaron ciertas fallas actorales o de resolución escénica, quizá por falta de ensayo o ensamble con el texto mayor que los incluía.
El policial presentó sucesivamente las distintas peripecias entre un detective, el Inspector Cayé Gauna (interpretado por Emilio Sosa Asís), y un chaqueño porteñizado apodado “Beraza”, en alusión al barrio porteño de Berazategui (interpretado por Nelson Rodríguez). Procesualmente se planteaban indicios para el hallazgo del culpable del supuesto (se supo al final) crimen de Jacquelín Lúquez Toledo, una amante de “Beraza”.
En cada capítulo se incorporaron, en función de los textos “agregados” o complementarios, los actores Néstor Roa, Chela Monzón, Magu Sánchez, Rocío Sosa, Silvia Castrezana, Carlos Grillo, Silvio Villalba.
Además, desde la tercera edición, el director de Sala 88, Hugo Blotta, uno de los motores de esta propuesta, comenzó a participar a través de monólogos humorísticos que cumplieron la función de “aperitivos” o “prólogos” de cada show. La capacidad de condensar, mediante la ficción, anécdotas de la vida cotidiana, hechos y costumbres populares y de la actualidad política chaqueña, se vio reflejada en Crónicas de unas vacaciones clase media argentina; Crónicas de la clase política chaqueña y País federal, las terlipes, de su autoría.

Actuación, dirección, puesta y técnica

Los compositores y cantantes dejaron traslucir su técnica, profesionalismo y talento. Se afianzaron progresivamente al punto de lograr más aplomo, presencia escénica, persuasiva y convocante en cada nueva entrega.

Los actores protagonistas respondieron, con frecuencia, a un permanente juego dramático, a la espontaneidad e improvisación. En ese sentido, Emilio Sosa Asís se destacó por su empatía con el público, por su ductilidad y por el constante rendimiento de su performance a lo largo de todo el ciclo.

Las composiciones de los personajes en general siempre bordearon un carácter exacerbado o expresionista. La comicidad, lo caricaturesco y lo ridículo en ellas como en el vestuario, maquillaje, tipo de habla, articulación y dicción, fueron elementos predominantes.

Desde la dirección, se buscó armonizar los distintos textos dramáticos y la puesta –no necesariamente fija, sino dinámica y planteada desde distintos sectores y planos que permitía el espacio verde–; se intentó, además, adecuar y refuncionalizar cada rincón tanto como el diseño de luces y sonido. Tarea no siempre lograda con eficacia, debido a los pormenores que imponían la naturaleza y la proyección misma del espectáculo.

La misma experiencia transitada en cada función contribuyó a optimizar cuestiones técnicas. En ese plano estuvieron José María Aguilera (iluminación), Federico Monzón, Gori Leva (sonido). No faltó tampoco el jugado apoyo logístico de los graciosos, creativos e ingeniosos maestros de ceremonia del show, los propios autores Néstor Guevara y Walter Martínez, y de las organizadoras Leslie Lockett, Noelia Sánchez Blotta, Rocío Sotelo, entre otras.

Su significación en contexto

¿Qué significa/ó esta propuesta en función de su contexto sociocultural y de la serie o tradición teatral chaqueña en la que se enmarca?

Quizá se corra el riesgo de que dar una respuesta apresurada o relativa, ya que el paso del tiempo y una mirada en perspectiva son los aliados necesarios para examinar fehacientemente los hechos artísticos de modo diacrónico y en tanto sistema dentro contexto determinado.

Sin embargo, con el consabido riesgo, se puede hipotetizar, por un lado, que el espectáculo planteó cierta innovación estratégica que pudo sostenerse por más de dos meses con respuesta permanente y creciente de público. Innovación que no se refiere a “originalidad”, sino al hecho de haber retomado la experiencia de otros casos** y replanteado –quizá espontáneamente, sin tanta deliberación– un modo particular de revitalización del movimiento artístico-teatral capitalino, que vino a despertar del habitual letargo veraniego a los teatreros y cubrió el vacío de ofertas teatrales o músico-teatrales locales que acostumbraba reinar en esa época.

Y por otro lado, esta propuesta reveló cuestiones fundamentales: que la gente en esta ciudad está ávida de alternativas artísticas independientes; que si éstas evidencian calidad, accesibilidad y profesionalismo, el público las disfruta y responde; que la pre-producción, promoción e inserción de un espectáculo en la sociedad no debe ser un hecho ajeno a los creadores y artistas para que surta efecto; que el trabajo mancomunado, la combinación de tácticas y estrategias de distintos planos del arte pueden resultar un “ensamble” absolutamente enriquecedor y productivo.

Lo que quedó/ lo que prometen

Se abrió un nuevo horizonte de expectativa a nivel de público. Se logró capturar no sólo a un público adulto habitué de teatro –pero que hasta entonces no reparaba en propuestas gestionadas por elencos y salas independientes locales– , sino a uno joven que –sorpresiva y afortunadamente para los organizadores– demostró interés y adhesión.

En la noche de cierre del Ciclo, Hugo Blotta señaló su conformidad con los logros obtenidos, pidió disculpas por imponderables ocurridos y agradeció el acompañamiento de los artistas tanto como del público. Anunció nuevos estrenos de la temporada y dejó abierta la iniciativa para continuar con este tipo de propuestas durante las vacaciones de invierno, ya que piensan techar el hall de la bien mantenida Sala 88.

Ojalá desarrollen una interesante actividad de creación y fomento de lo teatral. Por su propio prestigio, por el crecimiento y expansión de los bienes culturales de nuestra provincia.

*Docente de Letras, investigadora sobre historia y presente del teatro chaqueño. Colaboradora en crítica teatral para el portal de noticias chacodiapordia.com. Integrante y coordinadora de CRITNEA (Agrupación de críticos teatrales del Nordeste).

**Ejemplos análogos o aproximados ya hubo en algunos café- concert realizados en Resistencia durante los años setenta. Inclusive, circunscribiéndonos más a nuestra época, hay ciertos trabajos del elenco EFA, dirigidos por Aníbal Friedrich, en los ya se plantea una presentación de una trama teatral por capítulos, al estilo de una “novela”, y justamente en un pequeño bar de la calle 9 de Julio. La pensión del primitivo, montada en el 2006 por el grupo EFA y La Máscara Teatro, en la sede de esta última, también dirigida por Friedrich, es el antecedente más próximo de teatro en capítulos, “impro” o “instalación”, según dieron en llamar su propuesta. También nos viene a la mente un espectáculo dirigido por Abelardo Duarte, Gris de ausencia, de Roberto Cossa, montado en La Máscara en los 2000 y donde el público se disponía alrededor de mesas de bar.

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