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NOTAS WEB

El cine hecho pelotas 

La dictadura de Augusto Pinochet socavó durante 17 años la producción artística chilena. El 70 por ciento de las películas de cine mudo fueron convertidas –literalmente– en pelotitas de ping pong, e igual suerte corrieron otros films con cuya materia prima se fabricaban peinetas. Sin capitales estatales y privados que los incentiven, la TV y la industria audiovisual se hundió en la oscuridad. En el ’93, por la puerta de la democracia, entraron nuevos desafíos, cuyos resultados, catorce años después, encuentran atención en las nuevas generaciones de cineastas.  

Por Aroldo Figueroa.
desde Santiago de Chile, para Cuna
 
El título de esta nota no es una expresión malsonante. Es un dato objetivo que muestra porqué el cine chileno intenta recuperarse de las cenizas.

Aunque parezca un chiste, no lo es. Casi el 70% de las películas de cine mudo chileno fueron diluidos en ácido para hacer pelotitas de ping pong, en tanto que otros films corrieron una suerte similar: años atrás el celuloide era la materia prima para fabricar peinetas, y así lo que antes entraba por los ojos, ahora se pasaba por la cabeza.
La Fundación Chilena de Imágenes en Movimiento pesquisa en varios países pretendiendo dar con las cintas perdidas.

Un ejemplo de ello lo da el director chileno radicado en México Álvaro Covacevich quien ofrece US$ 1.000 a quien le entregue información que le ayude a encontrar una copia de su filme Morir un poco, perdido desde 1973.

Abdullah Ommidvar, director de la Fundación Chilena de Imágenes en Movimiento explica que recuperaron “casi el 80 % de todo lo que se podía recuperar; es decir, todo lo que no se ha convertido en peineta. Hemos ido a Buenos Aires a recuperar, en medio de los ratones, negativos a los laboratorios donde se revelaban las películas”.
Pero los laboratorios argentinos Alex -que procesaron gran parte del material chileno- cerraron y sufrieron incendios. Incluso, con el tiempo los títulos de las latas se han despegado.

La falta de inversión hija de una falta de políticas que incentiven la producción audiovisual llevaron a que el país “ejemplo” en economía latinoamericana no pueda generar propuestas que capaces de interesar a los países vecinos y así las pocas películas y los magros programas televisivos se quedan en esta franja de tierra que se traza entre la cordillera y el océano Pacífico.

El director de cine más exitoso de Chile junto a una funcionaria encargada de administrar fondos estatales para la televisión analizaron para Cuna la realidad de la actividad televisiva y cinematográfica como empresa y cuáles son los motivos por los cuales en la pantalla no se observa la bonanza que se puede observar en los índices económicos.

Para los entendidos, la poca inversión en el área se debe al desinterés que tuvo el Estado durante la última dictadura militar y el trabajo ahora radica en impulsar un sector industrial que convenza no sólo a los espectadores, sino también a los privados que hagan catapultar al cine y la televisión.

EL GRAN DICTADOR

Todos coinciden: si el cine y la TV chilena no pueden mostrarse no es por falta de voluntad, sino una consecuencia de los 17 años que Augusto Pinochet se quedó en el poder aplicando políticas que no se interesaban en la producción artística y la falta de plata era una constante.

Las comparaciones aparecen casi en un tono de envidia. Salvando las distancias explican que, pese al desastroso efecto que tuvieron los gobiernos militares en Argentina, el cine nunca dejó de producirse, aunque los reyes de los contenidos eran la banalidad y cantantes protagonizando películas light.

Ni un “Palito” Ortega disfrazado de militar en la pantalla grande, ni los Superagentes mostrando efectividad de los espías siquiera se emularon en estas tierras.

“Se trabajaba en los canales en forma interna, sin inversión privada, y eso era jodido”, explica María de la Luz Savagnac quien durante 32 años estuvo en cargo ejecutivos en Televisión Nacional de Chile y ahora es jefa de Fomento Consejo Nacional de Televisión de Chile.

El director de cine, Andrés Word lanza un comentario similar que, como es de esperar, no deja bien parado a Pinochet y sus efectos sobre el arte. “Ahora estamos en etapa de desarrollo recién porque aquí casi no hubo cine durante 20 años y recién hace 12 años que se abrieron las escuelas de cine”, razona el realizador.

Word sabe de lo que habla. Él es, tal vez, el cineasta más reconocido de Chile y entre sus logros cuenta con la taquillera Machuca, además tuvo participación en Diarios de Motocicleta de Walter Salles y en El Bonaerense de Pablo Trapero.

En épocas pinochetistas el interés no se centraba en el arte, sino en la difusión de las políticas del gobierno militar. Así se focalizaban los esfuerzos en la prensa, en imponer titulares y espacios que destaquen las “labores” del gobierno de la época y de esa manera emplear a la TV, fundamentalmente, como un arma efectiva en una lucha ideológica.

“Se centraba todo en los programas periodísticos”, recuerda Savagnac quien tuvo que convivir con un gobierno autoritario y el sueño de hacer algo diferente, un sueño que tuvo que guardar en un baúl y sacarlo a la luz recién ahora con un cargo en el gobierno de Michelle Bachelet.

La oscuridad en la que se hundió el cine y la TV le resultó positivo a Pinochet, tan positivo fue que recién tres lustros después los televidentes chilenos pueden ver en la pantalla un informe que demuestra el asesinato de un ex presidente en mano de los uniformados o películas como Cruel separation, dirigido por Sarah Boston y que cuenta, entre otros, la muerte del padre de Bachelet. Pero también la democracia permite ver films como I Love Pinochet donde se legitima la dictadura como arma necesaria para restablecer el orden y combatir al comunismo.

AMANECE QUE NO ES POCO

“En el Estado de Chile hay preocupación por la industria audiovisual y el sector privado está interesándose ahora”, afirma satisfecha la encargada de distribuir fondos para proyectos de programas televisivos.

Una mirada positiva, pero a la vez crítica, tiene el director de Machuca para quien “se está trabajando y se están viendo de a poco. Esto es un proceso”. Pero no deja de ser crítico y afirmar que “producir más depende de una posición más fuerte del Estado y que haya leyes que incentiven al sector privado”.

Aun cuando falta camino por recorrer es destacable el avance de los fondos del Estado para que se produzcan programas de TV y películas de mayor contenido artístico. El Fomento Consejo Nacional de Televisión nació en 1993 destinando U$S 113.000 mientras que este año ese fondo llegó a los U$S 2.270.000.
En el área televisiva, distribuida en ocho categorías, se financiaron 18 proyectos el año pasado y 22 este año. El efecto de estas inversiones es, para el gobierno, algo alentador. Se consiguió vender programas infantiles a Nikelodeon y a Disney Chanel, o Geografía del Deseo que fue adquirida por Cinemax.

“Nos ha ido absolutamente muy bien. Conseguimos premios nacionales e internacionales y hemos crecido de manera importante en el área infantil”, explica Savagnac para quien no queda afuera también la importancia de la inversión privado que llevó a películas como Fuga (con la actuación de Gastón Pauls) a un éxito relevante.
En tanto que Andrés Wood destaca que el número de público no es muy diferente que el de otros países, como Argentina, y que el éxito es tan variable como impredecible. “Los números son complicados, pero también lo son en Argentina. El cine chileno tiene un espacio ganado y que una película sea o no taquillera es algo que varía”, analiza.

BELLE EPOQUE

Para los chilenos el futuro de la empresa audiovisual está marcado. Ellos creen que se estaba en un pozo, ahora están saliendo y en unos años más correrán a la par de producciones brasileñas o argentinas, pero también son concientes que deben ajustarse las políticas del Estado; destinar más fondos y promover una inversión privada, de lo contrario la salida del pozo será interminable.

“Los fondos para el arte se acrecentaron en los últimos años, por eso es que lo llamamos ‘capitales semillas’ con los cuales estamos dando el puntapié”, dice Savagnac quien insiste en que los efectos se están viendo ahora, pero que en cinco años más comenzará a hablarse de la televisión chilena en otros países.

No sólo el dinero es fundamental, entiende, para el crecimiento y una futura exportación de programas; sino que cree que el contenido debe transitar por una vía perdurable y que “no se apueste a la televisión desechable como la que vemos hoy”.

Andrés Word saca a la luz sus deseos más que su visión a futuro. Él espera que se conjuguen algunos factores como la creatividad y el dinero. “Espero que el cine se desarrolle y que las nuevas generaciones hagan cine profundo y exportemos historias de verdad, historias de un país inteligente”.

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